Vecinos antes que rivales
Antes de ser enemigos, fueron vecinos. River Plate nació el 25 de mayo de 1901 en La Boca, de la fusión de dos clubes de barrio, Santa Rosa y Las Rosales. Boca Juniors nació cuatro años después, el 3 de abril de 1905, fundado por un grupo de pibes del barrio en lo que hoy es la Plaza Solís. Los dos clubes compartieron durante años las mismas calles de tierra, el mismo puerto y la misma inmigración italiana y española que poblaba el sur de Buenos Aires a principios del siglo XX. La rivalidad, antes de ser deportiva, fue de vecindad.
El primer cruce que registran los historiadores del fútbol argentino fue un amistoso jugado en 1908, que ganó Boca. El primer partido oficial llegó recién el 24 de agosto de 1913, disputado en la vieja cancha de Racing Club en Avellaneda: ganó River, 2 a 1. Durante toda la era amateur —que se extendió hasta 1931— los clubes se enfrentaron alrededor de una decena de veces, con un historial parejo entre ambos y algunos empates.
La mudanza que cambió todo
El quiebre geográfico llegó en 1923. River, sin poder renovar el alquiler de su terreno en La Boca, se mudó primero a Palermo y después, ya en los años 30, a los terrenos de Núñez donde construyó el estadio Monumental, inaugurado el 25 de mayo de 1938. Boca, en cambio, se quedó en el barrio donde nació: tras un breve paso por Wilde, se asentó en 1924 en el predio donde hoy está la Bombonera, inaugurada también un 25 de mayo, pero de 1940.
Esa mudanza fundó buena parte del folclore del clásico: Boca pasó a representar el barrio portuario y obrero, mientras que River, instalado en una zona más acomodada del norte porteño, cargó con el apodo de “Millonarios” —nacido en los años 30, cuando el club pagó una cifra récord por el pase del delantero Bernabé Ferreyra—. El estereotipo siempre fue más folclore que realidad sociológica estricta, pero marcó para siempre cómo cada hinchada mira a la otra.
El profesionalismo y los primeros ídolos
El fútbol argentino se profesionalizó en 1931, y el primer Superclásico de la nueva era, jugado el 20 de septiembre de ese año, terminó en un escándalo: el árbitro suspendió el partido a los 25 minutos del segundo tiempo tras las protestas de los jugadores de River por sus fallos, con el resultado 1 a 1 (gol de Varallo para Boca, de Peucelle para River). A partir de ahí, el clásico empezó a dar ídolos propios en cada década: Ángel Labruna se convirtió en el máximo goleador histórico del cruce con dieciséis tantos, y el arquero Hugo Gatti pasó a la historia como quien más Superclásicos jugó —treinta y ocho en total, primero con la camiseta de Boca y después con la de River—, un dato que por sí solo resume lo entrelazadas que estuvieron las carreras de muchos futbolistas con ambos clubes.
La tragedia de la Puerta 12
No toda la historia del clásico es sobre goles. El 23 de junio de 1968, durante un Superclásico jugado en el Monumental, se produjo la peor tragedia de la historia del fútbol argentino: al finalizar el partido, una avalancha de hinchas que intentaba salir por la Puerta 12 del estadio terminó con la vida de 71 personas, según las fuentes más citadas (algunos relatos hablan de 74), muchas de ellas menores de edad. Nunca hubo una condena judicial por lo ocurrido. Es, hasta el día de hoy, la fecha más dolorosa en la historia de este cruce, y se la recuerda cada año con homenajes de ambos clubes, no como un episodio más de la rivalidad sino como una tragedia que los trasciende.
La era de los cracks y el salto internacional
Desde los años 60, el Superclásico empezó a jugarse también en la Copa Libertadores, con enfrentamientos en 1966, 1970, 1977, 1978, 1982 y 1986, entre otros. En los 90 y principios de los 2000, la rivalidad se personificó en duelos de estrellas: Enzo Francescoli, Ariel Ortega y Hernán Crespo en River contra Claudio Caniggia, Diego Latorre y Martín Palermo —el máximo goleador histórico de Boca— en el lado xeneize. Ya en los 2000, Juan Román Riquelme y Andrés D’Alessandro, cada uno desde su club, se convirtieron en los símbolos de esa rivalidad para una nueva generación.
Uno de los capítulos más recordados de esa época ocurrió en 2004: Boca eliminó a River en semifinales de la Copa Libertadores y, ya en la final, se consagró campeón del continente. Fue, para los hinchas xeneizes, una de las revanchas deportivas más valoradas de la historia reciente del clásico.
2015: el escándalo del gas pimienta
El 14 de mayo de 2015, en los octavos de final de la Copa Libertadores, el partido de vuelta en la Bombonera tuvo que suspenderse antes de que arrancara el segundo tiempo: jugadores de River sufrieron los efectos de un gas irritante arrojado desde las tribunas mientras volvían al túnel. La CONMEBOL terminó eliminando a Boca del torneo. El episodio, todavía recordado como uno de los más bochornosos del clásico, mostró el costado más oscuro de una rivalidad que a veces se corrió de la cancha.
La final de Madrid
El capítulo más mediático de todos llegó en 2018, cuando por primera vez en la historia Boca y River se cruzaron en una final de Copa Libertadores. La ida, en la Bombonera, terminó 2 a 2. La vuelta, que debía jugarse en el Monumental, se postergó primero por lluvia y después, de manera definitiva, porque el micro que trasladaba a los jugadores de Boca fue atacado por hinchas de River antes de llegar al estadio, con varios futbolistas visitantes lesionados. Ante la imposibilidad de garantizar las condiciones de seguridad en Buenos Aires, la CONMEBOL trasladó la final a Madrid, al estadio Santiago Bernabéu, donde se jugó el 9 de diciembre de 2018: River se impuso 3 a 1 en el alargue, con un gol de Juan Fernando Quintero que quedó en la memoria de su hinchada, y se consagró campeón de América. Fue la primera final de una Copa Libertadores disputada fuera del continente americano.
Una rivalidad que sigue escribiéndose
Más de cien años después de aquel primer cruce en la cancha de Racing, Boca y River siguen siendo, por lejos, el partido más importante del fútbol argentino: el que más mueve la agenda, el que más entradas vende y el que define, cada vez que se juega, una parte de la identidad futbolera de millones de personas que nunca vieron la cancha donde todo empezó, pero que heredaron esa rivalidad como quien hereda un apellido.
Nota: algunos medios no coinciden exactamente en la cantidad total de Superclásicos oficiales disputados ni en el número preciso de víctimas de la tragedia de 1968; donde las fuentes difieren, se citó la cifra más repetida entre fuentes especializadas.
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